El foco (parte 1)
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| Tina Modotti |
Entendamos que el foco como recurso artístico nace con la fotografía, y por eso es que existe el debate si es realmente un recurso o un atributo exclusivo. No vemos la idea del foco o la falta de él en la pintura, el dibujo, mucho menos en la escultura. El foco existe porque la cámara existe, y por obvio que parezca, la falta de foco existe por lo mismo.
Es más que normal encontrarse con miles de especificaciones sobre “foco” cuando vemos cámaras en venta: puntos de enfoque, tipos de enfoque, velocidades de enfoque, flujos de enfoque, etc. Pero el foco como tal se logra simplemente con dos controles: la apretura del diafragma y la distancia entre el lente y el sensor o película (en muchos casos ese punto donde se encuentra la película o el sensor se conoce también como foco, pero el término se usa así en casos muy específicos, en especial en construcción de cámaras).
Independiente de si el foco se logra o se crea, el control de enfoque parece ser prioridad para el mercado fotográfico y han dedicado mucho estudio y tecnología a eso.
Cuando compramos un lente, podemos ver comúnmente a su costado que dice AF/MF, eso quiere decir que el lente te da la posibilidad de enfocar de manera automática o de manera manual.
El foco automático parece que fuera algo muy tecnológico y avanzado, pero lo podemos encontrar en cientos de modelos de cámaras análogas desde mediados de los 70 en adelante. El punto es que para esos años no era fácil encontrar una cámara con esas características y que fuera al alcance del bolsillo de cualquiera. Se sentía que era una tecnología para fotógrafos.
Recuerdo que la primera foto que tomé en mi vida fue con una cámara compacta, una Kodak que compró mi padre a principio de los años 90. Era esa típica cámara que cumplía con lo justo y necesario para hacer fotos de la familia en vacaciones, pero esta era especial para él justamente porque tenía autofoco; de hecho, estoy seguro que de no tener foco automático nunca me hubiese dejado tomar esa foto por miedo a perderla.
Me encanta ese recuerdo porque puedo ver cómo ese avance, que para muchos en sus inicios parecía más una comodidad, ayudó a tantos, incluyéndome, a sentirse más seguros al momento de hacer una foto. No podemos olvidar que hasta hace un par de décadas no existía la fotografía digital, o no se había masificado lo suficiente, por lo que una foto mala era plata que se iba a la basura. El autofoco es parte fundamental de lo que hoy se llama la democratización de la fotografía.
Hoy, con los avances y las cámaras digitales, encontramos dentro del autofoco lo que podríamos llamar sub modos de enfoque.
El primer modo de autofoco, y el más común, es el autofoco Simple. Cuando se presiona a la mitad el disparador la cámara, ésta manda una la señal al lente y reconoce dónde detenerse o bloquearse hasta que aprietes al disparador a fondo para tomar la foto. Con este sistema el lente enfoca solo una vez y funciona perfecto para fotografías estáticas, como decíamos, algo simple, una foto familiar típica de vacaciones.
El segundo modo es el autofoco AI Foco., que podemos decir es la primera evolución del autofoco. Al igual que el autofoco Simple, si se presiona levemente el botón de disparo, enfoca al sujeto, pero en este caso, si el sujeto se mueve en algún momento, la cámara manda la señal al lente y este re enfoca la imagen de manera automática, sin necesitar quitar el dedo para volver a presionar, por eso la sigla AI, que hace referencia a la inteligencia artificial.
El tercer, y último modo existente, hasta el momento, es el autofoco AI Servo. Este modo de autofoco es probablemente el mejor amigo de un fotógrafo de deportes. Cuando el sujeto está en continuo movimiento y la idea es hacer varias fotos para luego elegir la mejor, este modo da la posibilidad de que mientras se mantenga apretado el botón disparador haciendo una ráfaga de fotos, la cámara y el lente se van a ajustar para cada foto sin perder al sujeto. Así no hay que preocuparse de perder una imagen por falta de nitidez.
Ahora, con todos estos modos todavía hay algunos casos en los que se pierde el foco del sujeto. Eso pasa porque hay veces que los fotógrafos no se fijan o no conocen todas las especificaciones que te dan cuando compras los equipos, especificaciones que cambian entre lente y lente. Y es que si bien un lente puede llegar a enfocar hasta infinito, todos los lentes tienen un punto cercano donde no logran nitidez, a esto se le llama la distancia mínima de enfoque. En algunos casos esas distancias mínimas pueden ser de 75 u 80 centímetros, pensando en la distancia aproximada de un brazo, en otros casos mucho menos. Pero para cuando se desea una distancia de enfoque mucho menor, ya lo ideal es buscar un lente macro que permite rescatar detalles muy pequeños desde muy cerca.


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