La Luz (parte 1)

(Bill Brandt)
Cuando hablamos de fotografía es muy común saltarnos la que para mí es la más importante pregunta: ¿qué entiendo yo por fotografía?


Las respuestas pueden ser miles, pero intentando mantener esto simple, por imposible que sea a mediano o largo plazo, fotografía es simplemente “dibujar con luz”. Y es que del latín podemos descomponer la palabra y pasar mucho rato hablando del concepto “foto”, pero lo realmente importante para entender todo lo que hoy consideramos fotografía en realidad hay que centrarse en la “grafía”.


Es cierto, es un hecho que la fotografía es dibujar con luz, pero que la palabra “grafía” de también paso a conceptos como caligrafía o tipografía no es coincidencia.


Si vamos al pasado, o incluso hoy fuera de lo que conocemos como occidente, encontramos en la mayoría de las culturas dibujos como método de escritura. Entonces ¿por qué no podemos decir que fotografía es también escribir con luz? ¿qué ha hecho que cambiemos la forma de entender esta palabra? y lo más importante ¿por qué cuestionarnos si la palabra se puede definir como dibujo o escritura?


La fotografía no siempre estuvo ligada al mundo de la estética, a pesar que en sus primeros años ya estaba siendo utilizada para fines pictóricos. La técnica nace con intereses científicos, o al menos es el primer espacio por el que se lucha para ser considerada como un medio. La idea evoluciona para que fuese un método para verificar, constatar, reflejar o testificar que algo era real, por ejemplo. Y es que, como sabemos, su representación fiel de la realidad le quitó ese antiguo puesto a la pintura y a la ilustración, que aunque todavía se utiliza no se piensa en ella como un medio para reflejar la realidad.


La fotografía podía convertirse en la nueva y más eficaz forma de contar. una historia, la historia de lo real. Pero claramente no fue su destino, o al menos no por esos años.


Si bien, por un buen tiempo, el mundo de la fotografía peleó por hacerse de un espacio exclusivo en las artes, el interés que generaba en las personas llevó a la industria a tomar otro camino. Es ahí cuando Kodak se lanza a la fama con su promesa de simplificar todo este mundo que, hasta el momento, era exclusivo para quienes podían pagar enormes sumas de dinero no solo para conseguir equipos, también para aprender la química necesaria para lograr la imagen.


En ese momento, cuando ese mítico aparato al que llamaban cámara, y a la que muy pocos tenían acceso, llegó a las manos de personas que no tenían los conocimientos exclusivos que hasta ahí se necesitaban para crear una imagen, fue que la creación y compilación de historias se volvió algo real.


La pura idea de pasar de una imagen que podía tomar horas en ser pensada a que una persona cualquiera pudiese capturar algo tan simple y banal como un día en el campo o en un viaje a la playa parecía una blasfemia para los que por tanto tiempo habían luchado por mejorar esta técnica. La diferencia es que ahora los momentos podían ser revividos una y otra vez por generaciones a través de un simple pedazo de papel, sentados en un sofá mientras se compartía un té. La exclusividad de la historia contada por una imagen comenzaba a desaparecer de a poco.


Ya la mítica cámara era algo que se podía traer en una mano, que podía almacenar las fotos en unos rollos cubiertos por papel y que podían ser apilados en un pequeño bolso; no era necesario sufrir los enormes pesos y malos ratos por una sola foto, aunque no significaba que muchos siguieran haciéndolo.


Pero de nuevo ¿por qué es esto importante? Porque es esa facilidad que se le dio a las personas, de dejar de seguir las reglas y las dificultades de lo que un maestro había dicho, lo que hizo que se contaran las historias más simples, llamativas y al mismo tiempo complejas de la época. Si no fuese por esas personas que tomaron sus cámaras como si fuesen un virus para recorrer todo el mundo, el contar historias sería hasta hoy un hijo rebelde de la estética.


Hoy podemos encontrarnos con diferentes formas de entender la luz pero, siendo honestos, siempre se vuelven a dividir en estas dos definiciones de la fotografía: los que dibujan con luz y los que escriben con luz. No son limitantes, aunque algunos que buscan defender su estilo personal todavía digan que sí. La fotografía sí puede ser estética y narrativa a la vez. Es más, casi siempre va a tener algo de estética y algo de narrativa. Pero la forma en la que yo entiendo la fotografía sí va a marcar qué tipo de fotógrafo soy, y ese punto de partida va a marcar cientos de decisiones en nuestro trabajo.


Si hasta este punto nunca habías considerado el hecho de que hay quienes realmente se enfocan casi exclusivamente en la luz y quienes se enfocan casi exclusivamente en la historia, tal vez sea el momento de preguntarte qué clase de fotógrafo eres y qué clase de fotógrafo quieres ser. No como una forma de anularse, todo lo contrario, esta pregunta es tremendamente necesaria para comenzar a dirigir un trabajo personal potente y consistente.

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